24 de Abril Día internacional del Multilateralismo y  la Diplomacia para la Paz  

EEUU (New York), 06 de agosto de 2013. El Canciller Ricardo Patiño participó en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Foto: Xavier Granja Cedeño – Cancillería del Ecuador.

LEANDRO SEQUEIROS. Presidente de ASINJA (Asociación Interdisciplinar José de Acosta

Es necesario reconocer que el multilateralismo no está en su mejor  momento.

El presidente Trump intenta debilitar a Europa y por ello, opta  por hacer pactos bilaterales para evitar enemigos económicos fuertes. Es el  momento de presionar como sociedad civil para recuperar la globalización  que es el mecanismo menos injusto para los descartados de este mundo.   

El 24 de abril se celebra el Día Internacional del Multilateralismo y la Diplomacia para la Paz, una fecha establecida por la Asamblea General de la ONU en su resolución A/73/L.48. Se celebró por primera vez en 2019.

Esta fecha busca motivar a los países a seguir colaborando en pro de los  temas comunes, llegar acuerdos y negociaciones, que sean de mutuo  beneficio para todos. Tal como lo contempla la Agenda 2030 para el  desarrollo sostenible.

 Arnaud Orain, economista e historiador:  «Trump, como Xi o Putin, encarna perfectamente el ‘capitalismo de la finitud'»    

• El economista francés cree que las grandes potencias están inmersas  en una competición agresiva por los recursos 

• «El regreso del imperialismo territorial es incompatible con los  valores humanistas, los valores de la UE»

Para mucha gente, con Trump entramos en una guerra comercial. El  dinero prima sobre los derechos humanos y la dignidad de la vida. 

La guerra comercial iniciada por Donald Trump ha puesto la  economía mundial patas arriba. Muchos expertos y medios  especializados resumen con la palabra «caos» la montaña rusa de las  bolsas en las últimas semanas y los pasos adelante y atrás de la Casa  Blanca, que tan pronto anuncia aranceles universales como las paraliza.  Otros se preguntan qué tiene Trump en la cabeza, y si sus acciones  siguen un plan prefijado. 

Para Arnaud Orain, economista e historiador francés y director de  Estudios de la Escuela de Estudios Superiores en Ciencia Sociales (EHESS)  de París, las acciones de Trump, desde los aranceles a sus declaraciones  sobre Groenlandia, Canadá o el Canal de Panamá, tienen toda la lógica  si se interpretan en el marco más amplio del sistema económico en que  vivimos. 

«Trump, como Xi o Putin, encarna perfectamente el ‘capitalismo de la  finitud'», explica en una entrevista con RTVE.es. Se trata de una suerte de  nuevo mercantilismo, en el que las potencias mundiales y grandes  empresas que se comportan como Estados corren para hacerse con los  escasos recursos, capitales y mercado, pasando por encima de todas las  normas y leyes, incluida la libre competencia, y usando la fuerza si es  necesario. 

En su ensayo Le Monde Confisqué, editado en francés  por Flammarion pero aún no en español, Orain menciona tres  características de este ‘capitalismo de la finitud’: cierre y militarización de  los océanos; sustitución del libre mercado por monopolios; y un  neoimperialismo que en el que tanto los grandes Estados como empresas  que se comportan como Estados ocupan el espacio (y, en nuestros días,  el ciberespacio). «Este regreso del imperialismo es incompatible con los  valores humanistas», advierte Orain. 

PREGUNTA: ¿Podría explicar de manera sencilla qué quiere decir cuando  habla de ‘capitalismo de la finitud’?  

RESPUESTA: En el libro, opongo dos tipos de capitalismo. El primero, el  liberal y neoliberal, es una esperanza utópica en el crecimiento global de  la riqueza, siempre que todos los actores respeten el principio de la  competencia. 

El ‘capitalismo de la finitud’, por el contrario, es la idea del juego de suma  cero. Los recursos, de un lado, y los mercados, del otro, son limitados en  número. Lo que uno gana, otro lo pierde. Así que el ‘capitalismo de la  finitud’ no promete un crecimiento general de la riqueza, ya sea para los  individuos, las empresas o los Estados.  

En una palabra, este capitalismo persigue el poder, no la abundancia; la  autarquía, no la apertura; la fuerza, no el libre mercado. Es un capitalismo  al que no le gusta la competencia ni el libre mercado.

P: Tal y como lo explica, no parece un programa deliberado que alguien,  por ejemplo EE.UU. o China, ponga en práctica, sino una fase natural del  capitalismo  

R: Eso es. Distingo dos fases de capitalismo liberal en la historia: la  primera va, más o menos, desde el comienzo hasta el final del siglo XIX,  y la segunda de 1945 a 2010, hace diez o quince años. Ambas terminaron  de la misma manera, con una ruptura, que está ligada a los mismos  fenómenos. 

De una parte, el liberalismo hace aparecer nuevos rivales sistémicos,  como eran Alemania y Japón al final del siglo XIX, y China a comienzos  del XXI. Comenzó a afianzarse la idea de que había demasiados  productores sin suficientes mercados para todos. Las nuevas empresas  industriales producen todo lo que producían las antiguas, pero a un  precio más bajo. Así que los viejos países industriales ya no quieren el  liberalismo económico, quieren protegerse a sí mismos de estos recién  llegados. Ya no aceptan las reglas del sistema liberal. 

El otro fenómeno tiene que ver con los recursos. Al final del siglo XIX y  de nuevo a comienzos del XXI, hay una gran preocupación por la relación  entre las necesidades de la población y los recursos disponibles del  planeta. Así que, para aumentar o mantener un cierto nivel de vida, las  grandes potencias quieren hacerse rápidamente con tierras, minas y  mares. Esto es incluso más cierto hoy, con la transición energética, que  requiere un montón de minerales. El mundo se concibe más aún como  algo finito. 

Así que sí, el liberalismo económico siempre genera un regreso a la  escasez, a la idea de que el mundo es finito, de que la riqueza no puede  crecer. 

P: Desde su llegada al poder Trump ha mostrado su interés en  Groenlandia, el Canal de Panamá e incluso Canadá, y ha iniciado una  guerra comercial. Muchas interpretaciones hablan de «caos», pero según  Ud. todo esto tiene sentido en ese marco del ‘capitalismo de la finitud’. 

R: El capitalismo de la finitud empezó antes de Trump y lo sobrevivirá.  Pero Trump, como Xi Jinping o Vladimir Putin, es un líder cuyas acciones  encarnan perfectamente este tipo de capitalismo. 

Los aranceles están diseñados para intentar reubicar las industrias en  EE.UU., y así el país sería más autónomo, incluso autárquico, lo que  podría permitirle desacoplarse de China. Esa era también, aunque con  otros medios, la política de Joe Biden, por cierto. 

Los aranceles también permiten distinguir entre amigos, vasallos, y el  resto, y crear lo que llamo ‘silos imperiales’: se comercia con los amigos,  con los vasallos, incluso con las colonias. Así que a partir de ahora  comerciaremos tanto como sea posible dentro de estos ‘silos’, como  ocurría en el siglo XVIII o en los años treinta del siglo pasado, con grupos  pequeños de socios bajo la supervisión de una superpotencia. 

Respecto al deseo de monopolizar Groenlandia, revisar la frontera  con Canadá o recuperar el control del Canal de Panamá, esto es  perfectamente coherente con el capitalismo de la finitud, porque es  un tipo de capitalismo depredador y violento, que considera la  expansión territorial es el camino correcto. Es precisamente lo que Trump  dijo cuando asumió el cargo el pasado enero: que EE.UU. debía  expandirse de nuevo. 

P: No obstante, tanto Trump como la extrema derecha europea se  oponen a las políticas verdes y reniegan de la transición ecológica. Al  menos en su discurso público, no reconocen que haya unos «límites  ecológicos» al crecimiento  

R: Comprenden muy bien que el cambio climático y la sexta extinción  masiva de especies van a causar problemas serios, pero no quieren  afrontar estos problemas globalmente, quieren protegerse a sí mismos. 

Saben que se va a necesitar una gran cantidad de agua y de metales para  producir comida, para los ejércitos, para las industrias electrónicas, y  saben que esos recursos son limitados. De ahí el deseo de expansión  territorial y la creación de ‘silos imperiales’. Pero no quieren afrontar  estos problemas con el multilateralismo, con organizaciones globales  como la ONU o la OMC [Organización Mundial del Comercio]. Solo  quieren protegerse a sí mismos, y eso implica una política imperial. 

P: El presidente español, Pedro Sánchez, dijo recientemente que el  comercio internacional «no es un juego de suma cero» y que todos  pueden ganar. ¿Se equivoca?  

R: Sí, como todas las elites europeas. Es igual en Francia, o con Ursula von  der Leyen o Kaja Kallas. Aún piensan que vivimos en un mundo  neoliberal. 

Sánchez cree que aún es posible vivir en un mundo multilateral con  reglas, las de la OMC, la ONU, los tratados internacionales… Bueno, me  parece que ese mundo ya ha pasado, y posiblemente será así por mucho  tiempo. 

Para que ese mundo funcione, es necesario que haya sólo un poder  hegemónico global, que asegure la libertad de los mares, imponga reglas de mercado, castigue a los recalcitrantes, imponga una moneda (como el  dólar), y así sucesivamente. Por un lado, esta potencia, EE.UU., ya no  respeta ninguna regla, y quiere retirarse de su papel de policía mundial.  Y por otro lado, aparece otra potencia sistémica: China, poderosa en el  mar y en la industria. Así que al final estamos en un mundo en el que  todos quieren hacerse con tierras y minerales, para poder mantener su  nivel de vida. 

La globalización con China sin EE.UU. sería una forma de vasallaje para  la Unión Europea. China no necesita a los productores europeos,  necesita solo a los consumidores europeos. 

Así que va a ser muy, muy difícil seguir siendo un liberal. Creo que  Sánchez es demasiado optimista. 

P: Y este sistema económico que Ud. describe, ¿es compatible con el  estado del bienestar y con la democracia? 

R: ¿Es compatible con el estado del bienestar? Pues es un problema,  porque requiere un enorme gasto militar. Muchos líderes, y ya ha  empezado en Francia, estarán tentados de contraponer el gasto militar  con los gastos en sanidad, educación o seguridad social. Es un gran  riesgo. 

Respecto a la democracia, es incluso más grave. El ‘capitalismo de la  finitud’ se nutre del odio a la democracia, y al revés, el odio se alimenta  de este capitalismo. Entramos en un mundo en el que las compañías  tecnológicas, esos grandes monopolios privados, pretenden manejar a  las poblaciones sin su consentimiento. Además, el regreso del  imperialismo territorial es incompatible con los valores humanistas, los  valores de la UE. 

“El ‘capitalismo de la finitud’ se nutre del odio a la democracia, y al revés, el  odio se alimenta de este capitalismo“ 

Así que, de nuevo, en nuestro siglo XXI tenemos una fragmentación de  la soberanía entre los Estados y las empresas-Estado, como pasaba en el  siglo XVIII con las compañía de las Indias Orientales de Holanda,  Inglaterra y Francia. La diferencia ahora es que Musk está en el aparato  estatal de EE.UU. Las empresas pueden monopolizar atributos de  soberanía dentro de sus propios Estados, lo que no pasaba en el siglo  XVIII, y eso no es neoliberal en absoluto: en los años ochenta, la  Administración Reagan cedió parcelas de poder público al libre mercado,  pero ahora se les dan a monopolios privados. Es muy diferente. 

P: ¿Hay alguna alternativa, alguna forma diferente de hacer las cosas?  

R: Es muy complicado. ¿Qué puede hacer la UE? Puede ser vasallo de  China o de EE.UU.. Puede convertirse en una superpotencia con políticas  imperiales, con la militarización de la sociedad. Ninguna de las dos  opciones es buena, en mi opinión. 

Así que ¿cómo se puede resistir al ‘capitalismo de la finitud’, o suavizarlo?  Probablemente con una enorme transición hacia la descarbonización,  pero eso necesitará un montón de minerales y metales, así que de nuevo  estamos con el problema de las políticas imperiales.

En mi opinión, necesitamos, por supuesto, políticas de descarbonización,  y probablemente una reducción de nuestro consumo, en primer lugar de  energía, pero también de ciertos tipos de productos, y una reducción del  crecimiento de cierto tipo de industrias, y buscar la autarquía tanto como  sea posible. 

¿Qué es el multilateralismo?

Se entiende por multilateralismo, el trabajo conjunto de dos o más países para resolver un problema que sea de interés mutuo y que solo por medio de la cooperación se podría brindar una respuesta eficaz a todos los afectados.

El multilateralismo está contemplado en la Carta fundacional de las Naciones Unidas y también dentro de los principios de resolución de disputas entre los países.

La importancia de esta nueva efeméride radica en su vinculación con los objetivos de desarrollo sostenible para las regiones del mundo, porque solo cooperando entre las naciones vecinas se puede garantizar la supervivencia y desarrollo económico de los continentes y del mundo en general

Diplomacia para la paz

Otro de los puntos que celebra este día, es el de dar preponderancia a las acciones diplomáticas por parte de las naciones en virtud de frenar un conflicto.

Este tipo de intervenciones también son consideradas multilateralismos, aunque en principio pudiese parecer que el hecho a resolver no afecta directamente al país que sirve de mediador en el problema.

Sin embargo, todo problema en el que se vean afectadas una o varias naciones, afecta al colectivo mundial, porque acarrea migración, subida de los precios en ciertos productos, escasez de productos e inestabilidad social y psicológica para aquellos que lo padecen en carne propia, como los que simplemente se enteran de los sucesos.

¿Cómo actuar como sociedad civil en el Día Internacional del Multilateralismo y la Diplomacia para la Paz?

Cada 24 de abril, podrás levantar tu voz para pedir mediaciones pacificas a problemas comunes.

Si participas en redes sociales es tan sencillo como publicar tu postura y etiquetarla con los hashtags #DíainternacionaldelMultilateralismoylaDiplomaciaparalaPaz #diplomaciaparalapaz #multilateralismo.

Para citar esta entrada

LEANDRO SEQUEIROS, Presidente de ASINJA (Asociación Interdisciplinar José de Acosta). En Niaia.es 09/05/2026.

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