Ética y Democracia

¿Puede darse una democracia sin compartir un conjunto sólido de normas morales?

El barrio autogobernado de Christiania (Dinamarca).

Jesús Conill

Catedrático. Universidad de Valencia

En el contexto del Seminario sobre “La democracia en crisis. La crisis de la verdad”, abordamos la cuestión de la relación entre ética y democracia en tiempos de recesión democrática.

Hay que empezar aclarando el significado de “ética” que vamos a relacionar con el de “democracia”, porque tanto uno como otro han variado a lo largo de la historia de un modo muy considerable. No es lo mismo pensar en la ética y la democracia en el contexto originario de la filosofía griega que en el mundo moderno y contemporáneo. Por tanto, conviene aclarar el significado de estos términos en el mundo antiguo y en el mundo moderno, a fin de presentar sus posibles conexiones y responder a las preguntas que se plantean en el programa, como la de si “puede darse una democracia sin un conjunto sólido de normas morales”.

En el mundo griego antiguo se vivía dentro de una cosmovisión de carácter holístico que establecía una vinculación natural (phýsei) entre los miembros de la comunidad ética y política. Se entendía que los humanos eran animales con lógos, capaces de formar una comunidad ética y política, es decir, en la pólis (ciudad).  Esta concepción ética y política cambia en el mundo moderno, en el que se difumina la noción de “comunidad” y se sitúan los problemas en una cosmovisión donde la “sociedad” tiende a convertirse en el nuevo espacio -mucho más complejo- de las relaciones humanas. Por consiguiente, hay que responder a la pregunta por las raíces éticas de la democracia, que constituye una concreción de la cuestión básica sobre las relaciones entre ética y política, tanto en el mundo antiguo como en el moderno y contemporáneo.

Un resultado de ese cambio moderno en las relaciones entre ética y política, con sus repercusiones para la forma democrática de gobierno, es la que ofrece Max Weber con su propuesta de una “ética de la responsabilidad” y Adela Cortina con su modulación precisa de “ética de la responsabilidad convencida”. Lo decisivo es la necesidad de una ética cívica compartida por los ciudadanos, capaz de promover un êthos, la formación del “carácter”, la capacidad de elegir bien.

Un segundo aspecto que se nos pide que abordemos en esta sesión es si la Declaración Universal de Derechos Humanos constituye el marco de referencia apropiado para la posible ética de la democracia[1]. Este asunto nos remite al problema de una posible “ética mínima” en una sociedad pluralista (tal como propone Adela Cortina en diversas obras, como Ética mínima y Alianza y contrato. Ética, política y religión), que es como ha de ser la sociedad abierta, fundada en el principio de la libertad moderna y sustentadora de la democracia liberal. Según cómo se entienda el concepto de la libertad se proyectará una modalidad u otra de democracia. En este sentido es paradigmática la reflexión de Benjamín Constant sobre la libertad de los antiguos y la libertad de los modernos.

La democracia liberal es una expresión de la libertad de los modernos, en la que los derechos tienen que ir acompañados de deberes. Por eso hay que esclarecer muy bien lo que significa libertad y los posibles modelos de democracia en los que se expresan los diversos conceptos de libertad, porque es desde ahí desde donde se van conformando los diversos modelos de democracia moderna y sus respectivos conceptos de ciudadanía. En todos ellos se necesitan normas morales, sin las que no podrán funcionar adecuadamente las instituciones y los mecanismos democráticos, y el último punto de referencia lo constituye una ciudadanía madura, que se rige por una razón crítica. Por eso hay que potenciar el “espíritu libre” de la tradición crítica, el “uso público de la razón” en la opinión pública.

Las teorías de la democracia dicen haber pretendido plasmar en la práctica la idea de democracia como “gobierno del pueblo” a través de diversos modelos de democracia representativa. Desde la “teoría clásica de la democracia” hasta sus transformaciones contemporáneas, los tipos de democracia que están funcionando en la práctica podrían resumirse en los siguientes: la democracia emotiva, la agregativa y la comunicativa. Estos modelos dependen de los procedimientos por los que se forman las mayorías, que es lo decisivo en las sociedades contemporáneas con democracia liberal. Para una breve e ilustrativa exposición de estos modelos pueden consultarse los trabajos de Adela Cortina, como Las raíces éticas de la democracia y los capítulos 2 y 9 de Ética cosmopolita[2].


[1] Vid. Félix García Moriyón, Derechos Humanos y Educación. Textos fundamentales. Textos complementarios, editorial de la Torre, 1999.

[2] Adela Cortina, Las raíces éticas de la democracia, Publicaciones de la Universidad de Valencia, 2010 y Ética cosmopolita, Paidós, 2021.

El seminario se celebró en línea el 17/02/2026

Puedes escuchar la grabación en audio (52,216 MB) en este enlace.  Si deseas acceder a una grabación en vídeo (465,2 MB), puedes obtenerlo en este enlace.

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